A principios de los 80 un grupo de amigos practicantes de un deporte minoritario, el balonmano, reunidos en el bar de Juan Romero y disfrutando de un bocadillo de calamares y refresco se plantean la idea de formar una murga para participar en los siguientes carnavales de 1982. Desde ese momento las diversas elucubraciones se multiplicaron por mil: componente, local de ensayo, alegorías, instrumentos y letras, nombre de la Murga... y poco a poco se fueron desvelando las incógnitas tras reuniones en la Plaza Nuestra Señora del Rosario y el Casino.

El primer problema, los componentes, se resolvió de manera no muy difícil reclutando entre compañeros de promoción que desarrollaban otras actividades deportivas como fútbol y lucha canaria. Eran 22 en total.

El local de ensayo no fue mayor obstáculo gracias a familiares de los miembros que poseían locales vacíos y se los cedían gratuitamente, llegando a ensayar también en azoteas o en la explanada del cementerio.

En cuanto a la alegoría, era sencilla y económica, propio de una murga primeriza e inexperta, evocando los recuerdos de la infancia: zapatos negros, camisa blanca, bombín, trozos de cartón y tela de raso para la chaqueta y el pantalón, que era baratito. Surge así el primer disfraz “Antonio Machín, pero sin maracas” aunque se le conocía como “el negro”. Los disfraces estaban elaborados por las madres de los jóvenes e inexpertos murgueros.

Y ¿dónde buscar instrumentos y letras? Respecto a las letras, existían varios miembros a los que se les daba bien elaborarlas ya que las hacían de forma irónica y simpática. En cuanto a los instrumentos, no fue tan sencillo, ya que no había dinero para poder comprarlos y se optó por pedirlos prestados a familiares, amigos o asociaciones, siendo el soporte de los pitos tubos de agua. El bombo, que era el regalo de los últimos Reyes del hermano de un componente, no llegó vivo a la Plaza el día del desfile inaugural. Todavía algún murguero recuerda las quemadas de la arena dentro de los tubos que luego serían pitos.

Y por último el nombre. ¿Qué nombre ponerle? Dándole vueltas al asunto y pensando en el bautizo carnavalero de la criatura, recordaron la expresión utilizada habitualmente por esa época entre los integrantes del Club de Balonmano Agüimes “Serenquenquenes” y en ese preciso instante, como un flash, se encendió la bombilla y se adjudicó unánimemente como nombre oficial “Murga Los Serenquenquenes”.

Ese primer año sirvió para el siguiente que con cambio de estilo, faldas, e instrumentos más acordes a la alegoría de ese año (escoceses), cantando desde entonces a diferentes voces, conquistó el primer premio de vestuario en el I Concurso de Murgas de Agüimes, lo que supuso el impulso definitivo para ilusionar a aquellos jóvenes que lo celebraron con extraordinaria alegría.

El tercer año triunfaron en el Concurso de Murgas de Agüimes y comenzaron a participar en otros Carnavales del resto de la Isla donde se divertían muchísimo y llevaban con mucho orgullo el nombre de su Villa, Agüimes.

Durante todos estos años muchas han sido las experiencias y anécdotas de Serenquenquenes.

Tras ensayar en las casas particulares de varios componentes, en azoteas, en la explanada del cementerio, en la Casa Betania... llegó a principios de los 90 su actual sede en La Tablilla.

El año 95-96 fue muy duro dadas las dificultades económicas y la marcha de muchos compañeros. Con una deuda millonaria, José Suárez, miembro fundador, asumió la presidencia y con el compromiso sobradamente demostrado de él mismo y de los murgueros que apostaron por Serenquenquenes se salió al carnaval saneados y dispuestos a disfrutarlo tras la organización de diferentes actividades para recaudar y la aportación personal de cada uno de ellos.

En el año 2000 reciben el título de Afilarmónica del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, distinción que no asumieron dado que prefirieron seguir participando en el Concurso de Murgas de Las Palmas de Gran Canaria que tantos bueno momentos les ha proporcionado.

Tras el paso de varios directores y presidentes, ahora son Javier Santana Armas y Carmelo Gutiérrez Castro quienes asumen sendas responsabilidades.

Los veintidos jóvenes que en el 82 crearon una murga con la que salir al Carnaval, hoy tienen metas superiores, han llegado a ocupar un lugar relevante en la historia del Carnaval de Canarias, manteniendo la misma ilusión y derroche del primer día.